
Marco busca las palabras precisas, y algunas veces no las encuentra. Se mueve con soltura en el paddock de la Fórmula 1; el motorsport, como le dicen en Italia, corre como la sangre por sus venas. Él era piloto mucho antes de convertirse en el padre de un campeón del mundo de la Fórmula 1. Solo que nunca imaginó ese futuro para Andrea Kimi Antonelli, su primogénito. Mucho menos que fuera con el récord de ser el más joven de la historia, con 20 años, dos meses y siete días.
«Estamos muy bien… Estoy muy bien. Y todavía me cuesta tanto creerlo porque es algo fantástico y poco a poco nos acostumbraremos a decir que Kimi es campeón del mundo. Ahora mismo, ya sabes, es un poco… Es algo tan grande que todavía no nos entra en la cabeza«, le confiesa a Clarín en el paddock de Interlagos, donde no se despega de su hijo y hasta carga con el casco que Kimi estrenó aquí en homenaje a Ayrton Senna.
Marco acompañó a Kimi en todo momento; tanto en su temporada debut, la de las críticas, como en la segunda, la de la consagración. No como un manager; tampoco como un consejero. El rol que eligió fue el de papá, aunque con una particularidad: si bien no conocía desde adentro el universo de la Fórmula 1, sí sabía de primera mano lo difícil que podía ser abrirse camino en el automovilismo.
«El automovilismo es un ambiente muy complicado, donde necesitás un presupuesto para que te vean, incluso en los equipos de la Fórmula 1 que apoyan el talento joven. Así que si no tenés un presupuesto que te pueda garantizar el camino, incluso si eres un muy buen piloto, se vuelve muy difícil aspirar a hacer carrera en el automovilismo. Entonces, mi miedo se basa en mi experiencia personal: yo, desafortunadamente, no pude hacer lo que quería en la vida precisamente por un problema de presupuesto, así que tuve que renunciar a eso y fue una gran desilusión. Y no quería que Kimi se encontrara en esa situación», explica sobre aquellos inicios de su hijo, en los que no influyó; por el contrario, intentó que eligiera un camino distinto y que no heredara aquella pasión.
«Pero después su pasión era tan grande que en cierto momento me dije: ‘Pase lo que pase, tengo que darle una oportunidad’. Y después encontramos a Mercedes, que afortunadamente creyó en él y lo apoyó durante toda su carrera y aquí estamos ahora», agrega.
Aunque Mercedes apareció en la vida del nuevo campeón del mundo hace ocho años, cuando tenía 12 para sumarlo a la academia de jóvenes pilotos, Marco se dio cuenta de que lo de su hijo iba en serio un poco antes: «Kimi siempre fue, digamos, rápido; siempre tuvo excelentes resultados en todas sus categorías. Pero cuando él tenía 10 años hubo momentos que me hicieron darme cuenta de que tenía algo especial. Y esa fue una razón para seguir haciendo sacrificios y ayudarlo en su camino«.
Antonelli habla con la amplia sonrisa de un padre orgulloso porque su hijo logró el sueño de miles de italianos, que ya lo esperan para festejar la primera consagración de un compatriota en la F1 desde Giuseppe Farina y Alberto Ascari en los inicios de la categoría, en la década de ’50. «Estamos felices de volver a Italia porque sabemos que hay muchas celebraciones preparadas, así que nos alegra compartir estos resultados un poco con todos los italianos», comparte.
Seguramente allí, en su tierra, reaparezca la emoción que Andrea Kimi Antonelli sintió cuando en el podio de México sonó la versión de Luciano Pavarotti de «Nessun dorma». «Fue muy emotiva para mí porque era una canción que mi abuelo escuchaba siempre; así que fue muy especial escucharla. Y creo que él… creo que estaría muy orgulloso. ¡Dios mío!, he llorado demasiado hoy, pero está bien. Así que, sí, me puse muy emotivo por mi abuelo y, bueno, también me sentí muy feliz por él», recordó el campeón en la conferencia de prensa de su consagración, en la Ciudad de México.
Consultado por ese recuerdo, Marco ahondó en la historia de su padre, Giordano Antonelli. «El nonno escuchaba siempre esa canción porque él también era deportista: era boxeador. Kimi, cuando era chiquito, pasaba mucho tiempo con él y también escuchaba esa canción. Al volver a oírla, le trajo los recuerdos del nonno», compartió, también emocionado y con la mirada hacia el cielo.
Pero Giordano sigue presente en la historia familiar también a través de un pequeño objeto: un cochecito dorado que le había regalado a Marco y que él, antes del debut de Kimi en la Fórmula 1, decidió entregarle a su hijo. Tres generaciones unidas por una misma pasión. Marco no pudo cumplir su sueño de ser piloto, pero encontró otra manera de llegar a la Fórmula 1: acompañando a su hijo hasta lo más alto.


