Los domingos de su infancia están musicalizados por la banda sonora de «Grand Prix», esa cortina que durante décadas acompañó a las transmisiones del automovilismo argentino. A él, sin embargo, los autos no le interesaban: su único amor era la pelota. Pero hay historias que parecen escritas de antemano, como la de Santino Pairetti. ¿Cómo escapar cuando tu abuelo fue uno de los grandes campeones del Turismo Carretera y tu papá también fue piloto?
“Es loco porque de chico no me gustaba el automovilismo. No me interesaba. Recién en la adolescencia se empezó a despertar algo por los autos. Pero el click llegó en la pandemia, con la virtualidad”, cuenta en la redacción de Clarín, con el libro de memorias de su abuelo, Carlos Pairetti, de un lado y su casco naranja del otro.
Santino Pairetti, con el libro de memorias de su abuelo, el campeón de TC Carlos Pairetti.¿Qué tiene que ver el simulador con convertirse en uno de los pilotos de la Clase 2 del Turismo Pista? Mucho. Su hermano, cinco años mayor, competía en SimRacing a nivel internacional y lo invitó a probar cuando él tenía 15 años. Era marzo de 2020 y el entonces presidente Alberto Fernández acababa de decretar el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio.
“Ni bien nos encerraron, yo estaba en el colegio, probé y no me bajé más. Incluso terminé bajando a mi hermano, porque él después, por compromisos laborales, lo dejó. Y así arranqué virtualmente. Me encontré con un mundo totalmente nuevo y también empecé a conocer la historia de mi familia. Me despertó las ganas de subirme a un auto de carrera y, después de insistirle mucho a mi papá, pude”, anticipa.
Sí: Tim Pairetti, expiloto de Turismo Nacional, pensó que con su retiro en 2005, la dinastía se había terminado.
“Mi papá hizo una carrera en un zonal en 2008 para que yo lo viera ganar, pero después se desligó del automovilismo. Cerró una etapa, se dedicó al negocio familiar y nunca más. Habrá pensado: ‘Creo que zafé: no hay ninguno más que corra’. Yo nunca me subí un karting de chico. Pero en mi adolescencia descubrí que esto era lo que me gustaba”, relata.
“Cuando se lo dije, me respondió: ‘Bajo ningún punto de vista’”, remarca.
Santino insistió. Primero con su padre. Después, cuando entendió que no iba a convencerlo fácilmente, buscó aliados en el resto de la familia.
“Empecé con mi mamá, con mi abuela y, sobre todas las cosas, con mi abuelo, para intentar ablandarlo. Mi mamá es lo más grande que hay y siempre me apoyó en absolutamente todo lo que hice en mi vida. Pero fue mi abuelo quien se entusiasmó y empezó a llamar a mi papá, que no quería saber nada y pensó que se me iba a pasar, que era un capricho del momento”, sigue.
Pasó la cuarentena y recién en 2021 se subió a un auto de carreras. Pero no fue directamente en una categoría, sino en la Escuela José Bianchi, en el autódromo Oscar y Juan Gálvez. Ni siquiera tenía registro y en su casa todos los autos eran automáticos, así que tuvo que conseguir uno con caja manual para practicar.
“La experiencia era distinta al simulador y ahí adquirí mis primeras armas, como el punta y taco, una técnica de frenaje”, explica.
Esta es la segunda temporada de Santino Pairetti en Turismo Pista.Después alquiló un auto y eligió debutar en la categoría ALMA con un Fiat Uno negro con detalles naranjas. Terminó sexto en su primera temporada y subcampeón en la segunda.
“Cuando arranqué no usaba mucho el color naranja. Fue una elección mía. Quería empezar de abajo, que no me relacionaran con nada de eso, porque viste que a veces la gente puede hablar. Y no quería entrar por ese lado”, asegura.
El cambio llegó en 2025. Entonces se dio el salto al plano nacional y también una transformación simbólica: su coche se tiñó de naranja, como el «Trueno Naranja», el mítico sport prototipo con el que su abuelo se consagró campeón del TC en 1968.
“Ese año decidí hacerlo naranja en homenaje a mi abuelo y le pusimos al auto ‘El Truenito Naranja’. La verdad es que es un color que representa a la familia. Querramos o no, es algo que nos marca, sobre todo a mi abuelo. Para mí es una forma de tenerlo presente”, afirma.
No es lo único de su abuelo que lo acompaña. En su casco naranja aparece el 1935, año del nacimiento de Carlos Pairetti y en lugar de la fecha de su muerte (26 de septiembre de 2022), un símbolo de infinito.
“También tengo una calcomanía en los laterales del auto, al lado del número, que es de una caricatura de mi abuelo que dice ‘Por siempre’. Es mi forma de tenerlo presente; me acompaña aunque no esté físicamente”, subraya.
La figura de Carlos Pairetti atraviesa toda la charla.
El famoso «Trueno Naranja» de Carlos Pairetti.-¿Qué crees que pensaría ahora?
-Creo que hubiese estado muy contento. Yo lo agarré grande y capaz ahora estaría medio baboso y sentimental, y se le piantaría algún lagrimón. Seguramente le hubiese encantado verme correr por la televisión. O habría venido a alguna carrera cerca. Le hubiese gustado, seguro.
-Vio tus primeras carreras en 2022. ¿Cómo era ese día a día con él?
-Mi abuelo tuvo dos ACV y en ese momento estaba recuperándose del segundo, pero siempre estuvo diez puntos de la cabeza. Lo único que se le dificultaba un poco era caminar: andaba con andador. En los autódromos, mi abuelo se sentaba arriba de las cubiertas, estaba cerca del auto. Hay fotos de él mirando el auto desde adentro y hablaba con el dueño del equipo. La verdad que fue un genio en todo y me apoyó siempre. Era lindo terminar una prueba o una carrera y juntarme con él. Y si no iba a verla, ni bien terminaba la carrera me llamaba. Que me haya podido ver hacer un podio para mí fue único.
-Tengo muy buenos recuerdos de sus llamados, de sus consejos. Al ser mi debut absoluto en el automovilismo, yo creo que no me puso exigencias. Recuerdos muy buenos y consejos siempre para mejorar.
-¿Cuántos años tenías cuando supiste quién había sido tu abuelo?
-Siempre supe, aunque de chico capaz lo tenía naturalizado. Pero a los 14 o 15 años me di cuenta realmente. Fue el mejor como abuelo y como piloto y aunque no tuve la posibilidad de verlo, siempre fue mi referente y mi ídolo.
-¿Viste las películas que hizo? Fue el doble de riesgo de Sandro, por ejemplo.
-Antes de que me gustara el automovilismo, de muy chico, habré visto diez veces la película con Sandro. Pero porque realmente me gustaba. Y también me parecía muy loco que mi abuelo actuara con una figura tan importante como era Sandro. Y cada tanto, cuando a veces la pasan en algún canal, la veo. En su casa de Arrecifes hay un montón de cuadros con tapas de él, tanto de su época como piloto como de actor, que también fue furor.
-¿Cómo recordás a tu abuelo?
-Era un tipo muy simpático, muy alegre, muy social. Gracias a Dios, nadie me ha dicho algo malo de mi abuelo. Al contrario, siempre un recuerdo lindo o una anécdota graciosa. Fue una persona también bastante innovadora para la época. En lo deportivo abrió muchas puertas, creando junto a Jorge Cupeiro una categoría como el Club Argentino de Pilotos, donde juntó a los mejores del país. También trajo la primera transmisión de las carreras en vivo. Todo eso me llena de orgullo.
Carlos Pairetti y su nieto Santino, en sus inicios en el automovilismo, en 2022.-¿Sentiste la presión del apellido cuando empezaste?
-Yo creo que es una presión linda. Igualmente supe dónde me metía cuando debuté con 55 autos inscriptos, mucho nivel y gente que estaba hace mucho tiempo. Sabía que era muy difícil. Pero una presión en el buen sentido: ganas de demostrar y saber que uno puede estar a la altura.
-Cualquiera podría pensar que te es fácil juntar el presupuesto, pero recién este año va a ser el primero en el que puedas completar la temporada. ¿Cómo es ese aspecto?
-Una de las primeras cosas que me dijo mi papá fue que el mayor problema de muchos pilotos es el tema del presupuesto. Mi debut fue a base de mucho esfuerzo propio. Tuve la posibilidad de que mi papá y mi abuelo me apoyaran y me dieran una mano. Pero ambos me dijeron que el auto se tiene que bancar con publicidades. Se hace difícil: hemos tocado muchos contactos y a veces la situación del país no ayuda. Hoy, gracias a Dios, tengo la posibilidad de que empresas amigas, tanto por la relación con mi abuelo o con mi papá, nos den una mano. Pero depende mucho de uno, de cómo se mueve abajo del auto, y la realidad es que me está costando.
-¿Cómo te imaginás en unos años?
-A futuro me imagino, ojalá, dedicándome a esto. Ahora estoy estudiando Comercialización y voy por la mitad de la carrera. Trabajo y corro. Ojalá que cuando ya esté recibido pueda dedicarme exclusivamente a los autos. Yo me imagino en lo más alto del deporte, en las mejores categorías. Irme afuera sería una oportunidad hermosa que me encantaría vivir, tanto como acá el Turismo Carretera. Por eso uno se tiene que preparar al máximo todos los días para lo que venga. No se sabe cuándo va a aparecer una oportunidad.


