
Ya está. Dejó el nido vacío y la nostalgia durará un tiempo. El agradecimiento será eterno. Se fue, como se han ido tantos, aunque él fuera tan diferente que ni siquiera es necesario nombrarlo. Pasado el duelo, vendrá la aceleración del proceso de renovación de la Selección y ojalá sea con el mismo cuerpo técnico. Lo que sabe Scaloni, o quien lo suceda, es que hay oro en polvo, en cantidad y calidad de futbolistas, para que el equipo siga siendo competitivo al máximo nivel. Con el Mundial 2030 en el horizonte, hay futbolistas para tirar manteca al techo como no pueden hacer algunas selecciones de potencias europeas. Acaso Brasil sea el único que continúe dando cracks en ciernes en semejante cantidad. Veamos.
Parte de la vieja guardia se mantiene. Afinemos el lápiz. Cuti y Lisandro están totalmente afianzados, pero detrás de ellos existen variantes como para buscar otra pareja de centrales. Balerdi, Senesi, Valentín Gómez, el chico Tomás Palacios, de Estudiantes, mientras que en Boca asoma «Jagger» Herrera y en Vélez, el pibe Silvero. Es un abanico de posibilidades al que el cuerpo técnico deberá sacarle lustre.
Algo parecido ocurre en la zona de los delanteros. Si a Julián Alvarez y Lautaro Martínez todavía les queda un largo camino en la Selección, dadas sus edades, ¿por qué no pensar que Santiago Castro y el Flaco López puedan ser variantes a corto plazo? Por afuera o en la periferia se abre paso Giuliano Simeone, pero también piden pista Prestianni, Soulé y el boquense Flores. Y Dybala no vino a esta serie de tres amistosos porque la Roma no le dio permiso. ¿Dybala es para despreciar?
También se mantienen las vacas sagradas de la zona media, como Enzo, Mac Allister y los ausentes Paredes y De Paul. Sin embargo, ahí está Nico Paz, señalado con un rayo láser para heredar la 10, y a su sombra está Franco Mastantuono. A ellos se suman Barco, el retornado Exequiel Palacios, el casi desconocido Simón, Perrone y Domínguez, que ya se calzaron la celeste y blanca. Sin olvidar a Aranda, la joven joya boquense, hoy en recuperación de una lesión importante.
La gran pregunta es cómo darle rodaje internacional a la nueva Selección. El negocio del fútbol, de tanto exprimir la pelota, ha quitado fechas y es difícil pensar en una serie internacional como la que inventó Menotti en el 77 o en las giras que luego pudieron armar Bilardo, Basile o Bielsa.
Curiosamente, esta tierra hacedora de futbolistas de alto nivel en cualquier época parece tener por delante una camada tan prolífica como pocas. Es más, ninguno de los otros técnicos de la Selección tuvo tantas posibilidades de recambio al encarar una segunda etapa como las que ahora tiene Scaloni. O el que venga.
Y hay otro detalle que no es un detalle. Europa no produce en semejante cantidad y calidad. Europa compra. Hay excepciones, claro. La Masía y las inferiores del Athletic Club en España, las del Atalanta en Italia. Pero los grandes equipos de clubes se forman a golpe de billetera. Eso tiene su consecuencia en las selecciones. ¿Qué viene para De la Fuente después de la gloria del segundo Mundial de la Roja, cuando tenga que renovar? ¿Qué tiene Mancini en Italia, más allá del interesante cambio de estilo que pretende, con menos pelotazo y más pelota por abajo? Francia, también productor y exportador de futbolistas, podría ser el país más cercano a esta realidad argentina, pero todavía no asoman tantos nombres de proyección.
Se fue el más grande de todos. El que dio un Mundial, dos subcampeonatos, un oro olímpico, un Mundial juvenil y dos Copas América. Se fue. El nido está vacío. Sobran pajaritos con ganas de habitarlo.


