spot_img

cómo vivió la familia Cerúndolo la hazaña de Juan Manuel ante Sinner



Mamá María Luz, la hermana Constanza, la prima Agustina en el día de su cumpleaños y su hermana Sofía, los tíos Martín y Alejandra y un puñado de amigos sufriendo en vivo, en París, cómo se consumaba el golpe del año en el circuito. Papá Alejandro Toto, para todos, quien no puede acompañar a sus hijos por su fobia a los aviones tras muchos años de viajar por todo el mundo-, desesperado a más de 11 mil kilómetros de distancia siguiendo el partido por la tele y con la compu al lado en un cuarto del departamento familiar de Belgrano, con la única compañía de su perro Milos (por Raonic, por supuesto). Aquellos, viviendo de muy cerca el triunfo más importante del tenis argentino en mucho tiempo; éste, viajando con la mente a sus tiempos de jugador casi 50 años atrás, a su primera vez en Europa y a su primera vez en Roland Garros en aquel 1978 y pensando, además, en ese escenario icónico, en esa Philippe Chatrier en la que se consagraron los mejores ladrilleros del mundo empezando por Rafael Nadal, el mejor de todos los tiempos, claro.

Todos están unidos con el alma y con el corazón mientras Juan Manuel Cerúndolo, el nombre del día en Roland Garros, deja afuera nada menos que a Jannik Sinner, el número 1 del mundo que había llegado a Bois de Boulogne como el gran favorito para levantar por primera vez en su carrera la Copa de los Mosqueteros. Pero no será así. Porque el mejor de todos falló víctima de un pésimo día más allá del calor que lo pudo haber afectado pero, también, porque su adversario jugó el partido de su vida para superarlo.

“A Juanma siempre le tuve fe por lo que era de chico”, cuenta Alejandro Cerúndolo después de atenderle a Clarín el enésimo llamado del día. “Hay que acordarse que no había cumplido 16 años y ya era uno de los mejores juniors del mundo. El peleaba todos los torneos con Musetti, con Nakashima… El propio Sinner, que es también categoría 2001, perdía siempre en las primeras rondas contra todos ellos… Juanma siempre tuvo una cabeza de campeón y lo demostró contra el indiscutido mejor jugador del mundo. Se la bancó como un ‘duque’, fue muy frío y bancó la pulseada”, agrega.

El partido de Sinner ante Cerúndolo fue, por supuesto, una montaña rusa de emociones. Al principio todo resultó complicado para el argentino que le jugaba corto y no podía impedir los ataques de su rival desde todos los ángulos y porque Sinner, además, le cortó tiempo y le hizo más grande la cancha hasta el dos sets a cero y 5-1 en el tercero. O hasta que empezó a sentirse mal.

Ahí cambió el encuentro. Para siempre. La extensión de la cancha favoreció a Cerúndolo que, sin cometer errores -su marca registrada-, trajo, trajo y trajo todo tipo de pelotas con un juego disociado, con globos, con un tenis también peligroso porque si se quedaba corto lo suyo hubiera sido un arma de doble filo.

Pero terminó ganando un tenista que mejoró mucho su saque y su primera pelota, que compite como pocos y que se le animó a un jugador que tuvo los privilegios de una estrella (no se entendió por qué la umpire Aurélie Tourte le permitió ser atendido en el medio de un game) pero que jamás pudo quebrarlo mentalmente.

“Se me cayeron unas lágrimas; me emocione mucho”, asegura Alejandro Cerúndolo, el hombre que no entra en su cuerpo por su propio orgullo.



Source link

Articulos Relacionados

Comentarios

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Compartir Articulos

spot_img

Ultimos articulos

Newsletter

Subscribe to stay updated.